¿Cómo Debemos Orar?
Esta es una pregunta válida, una que se ha hecho por lo menos desde los tiempos de los apóstoles de Jesús, el Cristo. Es especialmente vital a los que queremos estar en harmonía con nuestro Creador y poder comunicarnos con Él de una forma efectiva. En este artículo vamos a mirar a las escrituras, para ver lo que el Señor nos ha enseñado acerca de este tema por medio de Su Palabra – La Biblia. Vamos a tener en cuenta lo que nos enseña en el Nuevo Testamento, porque la forma en que nos relacionamos con Dios se ha cambiado de bajo del nuevo pacto que Él ha hecho por medio de la sangre del Redentor.
Las primeras instrucciones que se registran en el Nuevo Testamento acerca de la oración se encuentran en el capítulo 6 del evangelio escrito por el apóstol, Mateo. Estas instrucciones se encuentran dentro de lo que se llama “El Sermón En El Monte”, una serie de enseñanzas que tomaran las ideas humanas sobre lo que es correcto y las destrozaron completamente, mostrandonos una forma mas alta de vivir por medio de implementar la forma divina de pensar en nuestro diario vivir. Miramos que dijo Jesús el Cristo acerca de la oración. Todas las citas bíblicas en este artículo se toman de la nueva versión internacional de la Biblia.
Cuando oren, no sean como los hipócritas, porque a ellos les encanta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que la gente los vea. Les aseguro que ya han obtenido toda su recompensa. Pero tú, cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará. Y al orar, no hablen sólo por hablar como hacen los gentiles, porque ellos se imaginan que serán escuchados por sus muchas palabras. No sean como ellos porque su Padre sabe lo que ustedes necesitan antes de que se lo pidan. Mateo 6:5-8
Según lo que enseñó el Señor Jesús, nosotros debemos mirar con cuidado tanto nuestro motivo de orar como nuestra forma de orar. En primer lugar, nunca se debe orar para ser visto por los demás. La oración es una conversa con nuestro Padre Celestial. Es algo que cualquier cristiano puede hacer en el momento que quiere – y no es motivo de enorgullecerse. Desafortunadamente, a mucha gente les parece “chévere” poder hablar con Dios. Tienen la misma actitud que tienen muchos que por una razón u otra han podido tener contacto con un político u otro personaje importante. Se jactan de su intimidad con frases como “El otro día, mientras conversaba con el Señor Presidente de la República…” y “El Gobernador me comentó…” Así son muchas personas cuando se trata de hablar con Dios también. Fingiendo una intimidad con Dios se dicen “El Señor me dijo….” o “Yo dije al Señor….” con la intención, aunque a veces no conciente, de demostrar a sus oyentes que se posee una relación especial con La Deidad. Se hacen largas oraciones públicas, siempre con “œmotivos puros”, demostrando “una intimidad especial con Dios”.
Nuestras reuniones no son lugar para tales actitudes. La Biblia nos dice que cuando dos o tres están reunidos en un lugar en el nombre de Jesús el Cristo que Él está presente también. (Mateo 18:20) Viendo que Él está allí, Él sabe lo que está pasando, Él está enterado de lo que necesitamos y no es necesario ponernos a mucha palabrería dirigido hacia Él. Debemos orar en nuestras reuniones? Obviamente: SÍ. Pero este no es el lugar para oraciones largas e involucradas. Es muy apropiado reconocer Su presencia y pedir Su bendición sobre lo que estamos haciendo. Pero este no es el lugar ni el momento para largas oraciones. No seas como los hipócritas, haciendo largas oraciones en sus reuniones.
Hay un momento y un lugar en donde se puede abrir completamente tu alma a Dios en oración. Este es en un lugar privado, cuando te acercas a Dios en intimidad. Allí entonces se puede abrir todo tu ser y alargar la comunicación. Este es el momento de ponerse completamente descubierto al Creador, permitiendo así la oportunidad de exponer a Él todos tus pesares, pensamientos, anhelos, planes, deseos y necesidades. Es el momento de hablar en detalle acerca de los necesitados, de tus conocidos, de tus familiares. Es el momento para realmente acercarse a Dios el Padre en el nombre de Jesús, el Cristo, y, si es necesario, con la ayuda del Espíritu Santo.
Cuando oremos debemos hacerlo con la mente, pensando en lo que decimos, midiendo nuestras palabras y evitando la vana repetición. En nuestra comunicación con el Padre no es necesario utilizar oraciones memorizadas. Imaginate que tu hijo o tu hija viniera a hablarte – pero con un discurso memorizado que se había encontrado en internet o en algún libro. Algo como “O maravillo Padre que me ha engendrado. Vengo hoy a decirte que te amo desde lo mas profundo de mi ser. Encarecido Padre te bendigo porque has tenido complacencia en proveer lo que mas necesito.” De pronto es hasta bonito la forma de hablar, pero no es una forma abierta y espontánea ni es realmente personal en su trato. Se suena artificial, para decir lo menos. Pero así tratamos a nuestro Padre Celestial, con palabras memorizadas y hasta artificiales. No debe ser así.
Otra cosa que debemos evitar en nuestra comunicación con Dios es el hablar “sólo por hablar, como hacen los gentiles.” La oración es hablar, conversar, con Dios. Imagina te que un hijo tuyo viniera a hablarte así: “O Papá más lindo del mundo, vengo, Papá, a decirte, Papá, que, Papá, te amo, Papá. También, Papá, te ruego, Papá, que tu, Papá, me des, Papá, una platica, Papá, para que, Papá, yo, Papá, puedo, Papá, comprar, Papá, unas onces, Papá, en el colegio, Papacito tan lindo.” ¿No es así que muchos tratan a Dios, nuestro Creador? “O Señor, venimos hoy, Señor, a decirte, Señor, que, Señor, Tú, Señor, eres, Señor, lo mas maravilloso, Señor, en todo el universo, Señor!” Que verdadera falta de respeto se muestra al orar de una forma así, no pensada.
Entonces como debemos orar? De una forma sencilla, reconociendo nuestro Creador y dandole respeto. Debemos guardar nuestras oraciones largas para el tiempo de intimidad que todos debemos tener con Dios. En nuestras reuniones debemos reconocer la presencia de Dios entre nosotros, reconociendo que Él está presente y sabe todo lo que estamos haciendo, diciendo y necesitando. En otro artículo miraremos el “porque” de nuestras reuniones. Aquí basta con recordar que la reunión bíblica no es un lugar para alargar nuestras oraciones a Dios.
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